DIA 15 – Miyajima

Miyajima significa Isla-Santuario, y es un lugar muy turístico y frecuentado por japoneses que vienen sobre todo a pasar el día, de ahí que por la tarde-noche se quede practicamente desierta para revivir cada mañana con los turistas que llegan en el ferry.

Amanecimos pronto para aprovechar bien el día, despues de haber dormido como reyes en uno de los mejores alojamientos en los que estuvimos, a pesar de ser un hostel.

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Nuestra habitación en Miyajima Guest House Mikuniya

La visita obligada de Miyajima es el Itsukushima-jinja, santuario sintoista construido sobre el agua que fue decalarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996. Nosotros lo visitamos cuando la marea estaba subiendo, de forma que pudimos ver como el agua iba entrando bajo los edificios y pasillos del templo.

 

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Itsukushima-jinja con la Torii al fondo

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Itsukushima-jinja

Despues de recorrer el templo nos acercamos hasta lo poco que quedaba de playa para ver la Torii, y es que la marea subía a buena velocidad. No les pillamos en las fotos, pero vimos a algunos turistas acercandose hasta la Torii en piragua. Pena de no haber pillado la marea baja para poder acercarnos a verla de cerca, nos tocará volver otra vez 😉

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Itsukushima-jinja

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Torii en Miyajima

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Torii de Miyajima

Tras la visita a Itsukushima-jinja y las correspondientes fotos de la Torii desde todos los angulos posibles, paseamos hasta nuestra siguiente visita, el Daisho-in. Este templo budista se encuentra a los pies del monte Misen, y al llegar a él te dan la bienvenida un monton de pequeñas estatuas de budas con sus gorritos rojos.

Estas pequeñas estatuas se llaman Jizo, y son representaciones del bodhisattva Jizo Bosatsu. Es el guardian de los niños y la maternidad y por eso se le ofrecen gorritos, baberos y bufandas. Estas ofrendas las suelen realizar padres agradeciendo que sus hijos hayan conseguido superar alguna enfermedad grave gracias a la intervención de Jizo, o padres y madres que lloran la muerte de algún hijo. Los encontramos en casi todos los templos que visitamos en Japón, pero en Daisho-in nos sorprendieron especialmente porque eran cientos de pequeñas estatutas a los lados del camino de ascensión al templo.

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Pequeñas estatuas Jizo en Daisho-in

Las vistas desde la parte más alta de Daisho-in son geniales, pero eso si, para llegar arriba hay que subir muuuuchas escaleras!

Y desde arriba vimos que el color del cielo anunciaba tormenta, y no nos equivocamos. Nos dió tiempo a bajar de nuevo al pueblo, callejear por sus calles más turisticas de tienda en tienda, y entrar a comer a un pequeño local en cuanto empezó a caer agua. A pesar de la lluvia el calor seguía siendo sofocante, como no. Despues de comer buscamos otro local con aire acondicionado para que la patita echara la siesta, y al despertar estuvo jugando con un niño de su edad corriendo entre las mesas. Como no tenía pinta de parar de llover, papá pato se acercó hasta nuestro alojamiento a por las mochilas y nos fuimos al ferry para volver a tierra firme.

Y de allí cogeríamos de nuevo el tren bala rumbo a Nagoya, donde nos encontrariamos con Jun, nuestro amigo Koreano asentado en Japón desde hace años.

Pero antes de terminar esta entrada os dejo una foto con uno de los locales de la isla, que no es otro que un ciervo! Y es que Miyajima esta llena de ciervos que campan a sus anchas y que no se cortan en comer cualquier cosa que pillen, como si es un mapa!!!

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Ciervos en Miyajima

Y por fin, despues de 15 días por Japón llegamos a Nagoya para encontrarnos con Jun. Creo que os tenemos que poner en antecedentes para que sepais como es que tenemos un amigo Koreano en Japón.

Que viajar nos gusta me imagino que ya lo teneis claro, pues bien, cualquier excusa es buena para hacerlo, y papá pato encontró la forma de unir dos de sus pasiones, los viajes y los idiomas, en este caso el inglés. ¿Que cómo lo hizo? Llendo a Inglaterra en verano con un grupo de adolescentes estudiantes de inglés. Y allí fue donde conoció a Jun, ya que fueron compañeros de piso durante un mes, y acabaron compartiendo mucho más que piso claro! La amistad surgió sola, y es que Jun es muy majete. Y estando aún en Inglaterra se vino a visitarno unos días en el verano del 2011 (época pre-patita). Así que le debiamos una visita, jiji!

A pesar de ser Koreano y tener a toda su familia en su país de origen, el lleva años viviendo en Japón, primero estudiando y ahora trabajando. La idea inicial era pasar unos días en su casa pero los planes cambiaron sin remedio. Y es que su casa la pone la empresa para la que trabaja, y no se les ocurrió otra cosa que hacer reformas en la fechas de nuestra visita. Pero fueron muy amables y nos buscaron y pagaron un hotel. ¿Cómo os quedais?

Ademas salimos ganando con el cambio, porque Nagoya es una ciudad enorme y el hotel nos lo buscaron al lado de la estación de tren, lo que nos permitía movernos con mayor facilidad, ya que nuestra intención era utilizar Nagoya como campo base para visitar Kyoto y alrededores.

Y por cierto, nuestras maletas estaban allí esperandonos despues de haberlas enviado desde hakone 😉

Nos lleva a cenar a un local muy chuli donde sirven carne de todos los tipos cocinada en las brasas que se encuentran en la mesa. Le llaman yakiniku, y es uno de esos sitios a lo que no irías sin estar acompañado de un local. La carta estaba solo en japones, y os aseguro que hubiese sido imposible pedir nada sin tener a Jun! Por primera vez desde que estabamos en Japón comimos una carne riquísima, wasabi beef incluido.

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